Estas notas surgen motivadas por la inquietante noticia de lo acontecido en la milonga porteña Cahirulo el 21 de marzo de este 2026 y a la que luego me referiré. Para mí, como para miles de tangueros y tangueras en el mundo, el tango está inundado de multitud de luces, desde su contribución al bienestar físico y psíquico, a la inestimable aportación a la relación social, a la erótica del abrazo, al simple pero no menos importante deseo de buscar las mejores y más glamurosas galas, los mejores zapatos que lucir en las milongas y encuentros y el abandono del dañino sofá ante el televisor por el saludable caminar y girar del 2 x 4. Sin embargo, no podemos obviar algunas sombras que pueden ensombrecer – valga la redundancia -esta noble pasión. La quizá más importante para mí por estar completamente asumida en la comunidad tanguera y por tanto poco cuestionada es la discriminación femenina . El hombre invita y por tanto elige; la mujer espera a ser invitada y por tanto permanec...
Tangueros que residen en Valencia o vienen aquí a practicar y compartir su pasión encuentran varias ofertas en la mayor parte de los días de la semana. Así que elegimos la o las sesiones de milonga a disfrutar cada una de las semanas. Lo que quizá muchos de ellos no sepan es lo que costó llegar aquí. Puede que algunos conocieran casualmente el Tango en alguna salida a Buenos Aires, puede que algún profesor o profesora se dejase caer por Valencia y empezasen a conocer este maravilloso baile nuestro. Hablo de apenas anteayer, de los años ochenta del pasado siglo. Pero para practicar lo aprendido se necesitaba algo más. Se necesitaban cuerpos que abrazar y ser abrazados, se necesitaba un piso acogedor, se necesitaba, en fin, un reproductor de música donde Canaro, D’Arienzo y tantas otras orquestas típicas sonaran en tandas interminables. No importaba si un pick up o un cassette. Ni si el sonido era o no excelente. Enseguida se comprendió que unidos era más fácil con...