miércoles, 30 de diciembre de 2020

MEDIO LLENO MEDIO VACÍO





Me gusta emplear la tanguera frase “20 años no son nada” y la repito una y otra vez queriendo expresar de alguna forma lo que para mí ha resultado la emoción, el acontecimiento de mi encuentro con el tango, no hace tanto como veinte pero sí muchos ya. Y es que el Tango ha supuesto que mi vida haya cobrado sentido durante estos cortísimos años de felicidad y entrega a este abrazo largo y cálido.

Y de repente, nada. El abrazo disuelto, los pies quietos, el alma perdida. Todos esperando y anhelando. A la hora de escribir estas reflexiones nueve meses, casi diez ya nos han pasado más lentos que los veinte años de Gardel. La espera desespera y después se amolda, se acomoda.

Nunca pensé que la frase del célebre y nostálgico tango de Gardel fuese tan premonitoria. Casi toda la canción se adapta extrañamente a nuestro desasosiego, empezando por el constantemente invocado título, por el “Volver” que los labios tangueros no dejan estos meses de repetir, a veces convencidos, a veces ilusionados y esperanzados, a veces nostálgicos y desesperanzados.

El proyecto “9 meses sin milonga” de Linaje de Percal  ha recogido testimonios de tangueros y tangueras en el paro forzoso en que la Covid nos ha sumido a todos. Antonio, Sonia, Isabel, Rafa, Inma, Francisca, Manuela, Antonio, Gastón, Laura y otros nos abren sus corazones y desvelan sus temores y esperanzas y coinciden como los engranajes. El vacío que nos dejó, la conciencia de lo perdido, la incertidumbre del regreso, la aceptación, la determinación.

Su minuto de añoranza, de dolido recuerdo, nos instala en la misma dimensión. Su esperar, su determinación de volver no sin dudas nos refleja como si estuviéramos ante los espejos de las salas de baile que no hace tanto tuvimos que dejar para ya no retomar el siguiente trago de Di Sarli o D’Arienzo, que se empeñaron en escanciarlo  desde entonces en las redes virtuales, como si fuera algo pasajero, provisional. Solo cuando los meses se deslizaron implacables, solo cuando amenazaron con anualizarse empezamos a ser conscientes del vacío.

Estas confesiones ante la cámara son como las confesiones desde el sofá del psicoanalista. A base de sincerarnos, de enumerar los temores, de hablar de lo que puede ser o no ser hace que podamos llegar a lo más profundo de nuestros sentimientos y desde ahí poder diseñar nuestra propia terapia de recuperación.

El vacío que nos dejó, “La noche que te fuiste me quedé igual que una sombra…” “Echo de menos los abrazos, las risas…” “Una película de ciencia ficción, terror, drama. Es como ir en un tren del que no conocemos el destino…”

Son las mismas que alumbraron/ Con sus pálidos reflejos/ Hondas horas de dolor…

La conciencia de lo perdido, “Ahora que no lo tenemos nos damos cuenta de lo innecesario que eran los detalles. El piso, la música, el frío o el calor, milongueros muy mayores o demasiado jóvenes…Lo importante era danzar abrazados”

Incertidumbre en el volver, “El tango lo hará, pero lo haremos nosotros?, ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué forma?

Tengo miedo del encuentro/ Con el pasado que vuelve/ A enfrentarse con mi vida

Tengo miedo de las noches/ Que pobladas de recuerdos/ Encadenen mi soñar…

Aceptación y determinación, “Sólo nos ha privado del baile, pero no del Tango. A los profesionales les decimos, siempre hemos estado y seguiremos estando tan pronto sea posible”

Sentir/ Que es un soplo la vida/ Que veinte años, no es nada/ Que febril la mirada/ Errante en las sombras/ Te busca y te nombra

Quizá quiera quedarme con esto: Aunque la duda me asalte, me haga vacilar en mis propias capacidades, aunque culmine una bella etapa, aun si no regresara, me quedaría el consuelo de saber que el Tango volverá. Que el tango siempre vuelve, que sabe esperar.

Azahara Palomeque en su artículo de análisis sobre las consecuencias pandémicas “El año que perdimos el cuerpo” en la revista La Marea concluye con un párrafo que podríamos suscribir cualquiera de nosotros 

 “La pandemia nos ha robado el cuerpo precisamente cuando hemos sido más conscientes de su mortalidad. La necesidad de salvarlo del virus ha provocado, paradójicamente, que se aleje de aquello por lo que merece la pena tenerlo…” y concluye su artículo con este deseo: “Si 2020 ha sido el año en que perdimos el cuerpo, de tan innúmeras y dolorosas formas, queda esperar que 2021 sea el año en que lo recuperemos: sanos, vivos, pero, sobre todo, juntos.”

Va llenándose el vaso poco a poco y yo me siento minúsculo flotando en él, alargando los brazos, esperando sentir el fin en las yemas de mis dedos, poder atrapar el borde. Poder llegar…

Volver/ Con la frente marchita/ Las nieves del tiempo/ Platearon mi sien…

http://tangoenvalencia.es

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